Paso las tardes deleitándome con mi amor, conviviendo y dándole a los asuntos domésticos la importancia justa, como José Luis a las fotos de «esa señora». Y convivir era esto. ¿La clave? Entender que las casas son para vivir; que no son museos en los que mantener todo impecable. Las casas deben estar vivas. Como vivo está este amor que ambos mimamos de todo corazón. Siendo así, ¿cómo no estar más y más enamorado cada día?
PD: hoy me siento un poco bobo porque, al final, el refugio luminoso es obvio que solamente me interesa a mí… Bueno, fue idea mía a fin de cuentas.

