Puerta de entrada y señalización en una oficina de ayuda humanitaria, en el centro de refugio en Mirefugioluminoso.
Interior de refugio con señalización y espacio para atención y asistencia.

Y de pronto…

Tarde de jueves anodina. El reloj marca las horas al ritmo de la canícula de este 2024 repleto de soledades y anhelos. Un paciente, otro paciente y de pronto…

 

Desde que la vi en la sala de espera algo se encendió en mi interior.

Comenzaba a sentir que mi corazón se estaba despertando, no me paré a tratar de entender por qué, de sobra sé que las emociones no hay que tratar de entenderlas.

No podía dejar de hablarle, no quería que se fuese nunca. Estuvimos una hora de consulta y en el silencio de sus lágrimas, mi corazón me gritaba: ¡NO DEJES QUE SE VAYA, ES ELLA, NO DEJES QUE SE VAYA, ES ELLA, ES ELLA!

Y entonces reuní el valor de pedirle el número de teléfono a esa muñequita preciosa, que siete días después, se ha convertido en la reina de mi corazón, en la mujer de mi vida..

Renegaba de la vida pensando que el túnel oscuro en el que me encontraba era cada vez más largo, dando pasos cada vez más cansada, sintiendo desesperanza al pensar en encontrar el amor…

De pronto, una voz mencionó mi nombre y al mirar esos ojos que la acompañaban, una luz surgió y comenzó a iluminar la salida, mostrando el camino tan precioso que teníamos delante.

Me tendió su mano y la agarré fuerte, para no soltarla nunca..

 

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